~Del caserío llanero~
Por: Ana Margarita Rodríguez Devia
Ella aún existe, es una de esas viviendas que se quedaron en medio de la urbe que fue creciendo y se olvidó de ella.
Eran los comienzos de los años 20 cuando se construyó. El caserío llanero fue dando paso al desarrollo urbanístico y ella silenciosa fue quedando en el olvido.
Villavicencio y su gente pasa frente a su puerta roída, sus paredes aún de bahareque en medio de una calle que se llamó Bayer.
Jóvenes y alegres entusiastas se arremolinaban en sus aceras, para los festivales que se hacían. Era la casa también de la única partera del pueblo.
Esa, la misma calle que se ha transformado y ella en cambio estática llama al pasado; a la raíz de su histórico recuerdo de la familia villavicense, la de los Romero; la de María de Jesús Romero de Cruz, a quienes sus compañeras de colegio le decía cariñosamente "chucha".
¿Por qué le llamaban la calle Bayer? Fue el resultado de quienes jóvenes bellas resultaron viviendo allí en la misma cuadra y sus nombres terminaban en "inas" como: Cristina, Adelina, Carmelina, Delfina y Josefina. Para entonces la aspirina era la solución a todos los problemas de salud.
Un presente que nos trasporta al pasado, ella una musa como emblema de una ciudad que crece y va dejando la viejas y añejadas viviendas; con ellas la historia que nos hace evidente las tradiciones orales y es el lente que igual las vuelve inmortales.
Puede ser como esos registros que nos dejaran los inigualables trabajos fotográficos de Francisco A Cano, Horacio Marino Rodríguez y Alberto Jaramillo con la fotografía Rodríguez; quienes captaron la ciudad y sus vivencias. Una Medellín de estampas citadinas, del pasado que hace un presente; porque solo puede ser recordado si se registra.


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